Colombia: cuando la paz y el conflicto coexisten

Escrito por Anna Bartalini, Marta Hormaechea y Emma Santanach

La versión final del acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP se alcanzó en 2016, tras años de negociaciones, referendos fallidos y décadas de conflicto civil. Esta fecha ha sido calificada como una de las más democratizadoras y modernizadoras para Colombia por la Comisión de la Verdad, el organismo creado por el acuerdo para ayudar al Estado colombiano a crear un proceso de paz estable. Sin embargo, el proceso de paz en Colombia ha sido frágil. En Buenaventura, por ejemplo, la violencia no ha disminuido, sino que ha cambiado.

Nelly* y Blanca*, dos mujeres de Buenaventura que ahora viven en Barcelona, nos explicaron sus historias personales de huida del país debido al conflicto en curso. La primera que entrevistamos fue Nelly, que huyó del país en 2018. Durante su entrevista, mencionó uno de los temas más complicados del acuerdo de paz: la reintegración de los ex guerrilleros en la sociedad. Un tema que ha dividido a los colombianos desde el principio.

Muchos no aceptan la idea de dar a los ex miembros de las FARC la posibilidad de empezar una nueva vida. Otros creen que es la única manera de lograr una sociedad más cohesionada. La realidad es que a los antiguos guerrilleros rara vez se les brindaron oportunidades reales de reintegrarse. Como resultado, muchos fueron asesinados, mientras que el resto nunca dejó las armas y se dedicó a la delincuencia común.

Como mencionó Nelly, en Buenaventura, después de una relativa paz entre 2016 y 2018, la violencia volvió a estallar en 2021. De enero de 2017 a diciembre de 2021, el distrito registró 58.395 víctimas por algún tipo de hecho victimizante. La violencia ha experimentado un cambio en los actores y en sus modalidades. Primero fue entre guerrillas y paramilitares, luego entre ejércitos de narcotraficantes, después entre grupos posparamilitares y ahora entre grupos locales. Como resultado, la ciudad es un fiel ejemplo de que la violencia en Colombia nunca ha desaparecido. 

Buenaventura, una ciudad de paradojas

Buenaventura, situado en el departamento del Valle del Cauca, es el principal puerto marítimo de Colombia y uno de los mayores de América Latina. Aunque el puerto de Buenaventura ha crecido a un ritmo fenomenal a lo largo de los años, su población sufre una de las peores condiciones de pobreza de Colombia. 81% de sus habitantes viven en la pobreza y más de 100.000 personas han sido víctimas del conflicto armado. La gente vive sobre pilotes alrededor del puerto con un acceso limitado a los servicios y al agua.

La presencia de grupos violentos está arraigada en la zona de Buenaventura, donde se han producido enfrentamientos de grupos paramilitares y armados en varias cumbres. La lucha armada entre grupos rivales por el poder ha caracterizado tanto a la ciudad como a los distritos rurales. La combinación de diferentes factores ha permitido esta perpetración de la violencia durante décadas: en primer lugar, la incapacidad de las instituciones estatales para garantizar unas condiciones adecuadas para el desarrollo de la ciudad y para el funcionamiento de las infraestructuras públicas. En segundo lugar, una falta general de oportunidades, que justifica la tasa de desempleo (27,9%), la segunda más alta del país. Por último, la ubicación del puerto genera las condiciones perfectas para la ilegalidad.

Buenaventura es un objetivo atractivo para las actividades ilícitas de los grupos criminales, que han convertido las salidas al mar en rutas del crimen. En 2021 Buenaventura tuvo el pico de violencia más alto registrado en la última década. La tasa de homicidios fue de 61,6 por cada 100.000 habitantes, muy por encima de la tasa nacional de 26,8.

Buenaventura es una ciudad de paradojas. Es una ciudad rica, pero sus habitantes no se benefician de esta riqueza. Las empresas privadas que gestionan el puerto y las bandas criminales que se disputan el control de la ciudad gestionan todos los beneficios.

¿Por qué Buenaventura es un estudio de caso interesante?
Es una ciudad que también desvela un potencial sin explotar, gracias a su riqueza cultural, su biodiversidad y su estratégica situación geográfica. Buenaventura está rodeada de paisajes verdes, inmensas cantidades de ríos, playas cristalinas y reservas naturales. El puerto de Buenaventura ha crecido a un ritmo vertiginoso a lo largo de los años, al igual que su sector turístico.
Al mismo tiempo, es una ciudad de resistencia. Buenaventura es un territorio de comunidades negras. Más del 90% de su población se autoidentifica como negra o afrodescendiente. En los últimos años, los líderes sociales locales han emprendido numerosas acciones para mejorar la vida de sus comunidades.

Nelly y Lucía

En 2017, Nelly trabajaba como contable para una multinacional de importación y exportación. También formaba parte de un movimiento activista y era madre soltera de un niño de seis años. Al escuchar este panorama, cualquiera diría que Nelly era una mujer realizada y empoderada que podía mantenerse a sí misma y a su familia. Pero un factor complicaba su situación: vivía en Buenaventura. Allí, la estabilidad, la prosperidad o la felicidad penden de un hilo. En el caso concreto de Nelly, el delicado equilibrio se perdió debido a lo que ella llama "violencia común".

Tras el acuerdo de paz, explica Nelly, muchos guerrilleros que decidieron dejar las armas se enfrentaron al estigma y lucharon por encontrar oportunidades para reintegrarse en la sociedad. El resultado: se involucraron en las mafias del puerto. La delincuencia y los robos de contenedores son una realidad cotidiana en Buenaventura, y no existe un sistema de control oficial. En su lugar, las empresas de importación y exportación sienten la presión de sus clientes internacionales para encontrar a los responsables, por lo que ponen en marcha sus propios departamentos de seguridad internos, poco transparentes.

Así es como despidieron a Nelly. Ninguna explicación, sólo una prueba de polígrafo como parte de lo que ella llama una "falsa investigación" con el único objetivo de limpiar la imagen de la empresa. Más o menos por la misma época, un hombre en moto la paró una tarde mientras caminaba por la calle. Sabía dónde vivían ella y su hija. No dijo más, pero Nelly tenía muchos colegas activistas que habían sido amenazados y luego asesinados. Este suceso fue el detonante final.

En Buenaventura, además de la falta de oportunidades subyacente, la "pésima calidad de la educación", la falta de servicios hospitalarios y el miedo constante debido a los bombardeos y tiroteos en su propio barrio, ya no podía garantizar la seguridad ni la estabilidad de su hijo. Necesitaba marcharse.

Las mismas razones llevaron también a Lucía a huir de Buenaventura, aunque su historia es muy diferente. Llegó a España en 2020 con uno de sus cuatro hijos. El conflicto colombiano trastocó la vida de los otros tres: uno fue secuestrado hace 16 años, otro fue asesinado y el tercero se quedó en Colombia. "Como madre soltera, no tuve más remedio que huir por el bien de mi hijo", explica. La decisión no fue fácil, pero la situación en Buenaventura no era lo bastante segura. "Buenaventura es una de las zonas mejor situadas de Colombia, pero su gente está olvidada", explica. Como consecuencia, la gente -sobre todo los jóvenes-, "toma las armas y se une a la guerrilla. Les mueve el hambre y el ego". A pesar del Acuerdo de Paz de 2016, el olvido, la miseria y la violencia persisten en la ciudad. Lucía es muy crítica con el Acuerdo. Está convencida de que nada ha cambiado.

"¿Paz? ¿Qué paz?", pregunta sarcástica. "El Acuerdo sólo ha beneficiado a los que ya están en el poder. No es nuestro caso, seguimos en la misma situación". 

¿Nuevo gobierno, nueva esperanza?

Se ha producido un importante cambio de rumbo. En junio de este año, Gustavo Petro, un antiguo combatiente que se unió a la guerrilla en los años 80, ganó las elecciones con el 50,8% de los votos (según el registro nacional). Colombia nunca había tenido un presidente de izquierdas. Junto con Francia Márquezrepresentan la cara del nuevo gobierno; uno cansado de más de cinco décadas de conflicto y dispuesto a reescribir la historia de Colombia.

Silvia Plana Subirana del ICIP (Institut Català Internacional per la Pau) nos explicó: "Petro se ha comprometido a poner en práctica todas las recomendaciones de justicia y reparación incluidas en el informe final de la Comisión de la Verdad de Colombia, que se publicó en junio de este año. Así que hay voluntad, pero el futuro sigue siendo incierto"..

En palabras de Nelly, "hay un sentimiento general de esperanza, sobre todo entre las clases bajas y medias porque son las más afectadas... Soy optimista en el sentido de que quizá pueda hacer cosas que otros no hicieron. Pero al final tiene las manos atadas". Lucía es un poco más escéptica. Le gusta el hecho de que ambos candidatos hayan pasado por lo mismo que mucha gente en Colombia. "Pero no se puede confiar en nadie", afirma.

Por su parte, Lucía no quería abandonar su país, pero no se arrepiente en absoluto de su decisión. "La gente de aquí debe saber que en Colombia también necesitamos ayuda", añadió antes de terminar la entrevista.

¿Qué hace Barcelona por Colombia?

La realidad de Buenaventura se parece más a la de una ciudad en guerra que a la de una ciudad en paz. Por eso, miles de personas como Nelly o Lucía deciden abandonar sus hogares en busca de un lugar más seguro en Europa. Sin embargo, desde el Acuerdo de Paz de 2016, Colombia es percibida internacionalmente como un país en paz, lo que dificulta peligrosamente los derechos de las personas que huyen de Colombia a causa del conflicto.

Nelly lo experimentó personalmente:

"El rechazo oficial de mi solicitud de asilo al gobierno español fue un documento de 7 u 8 páginas en el que no paraban de hablar de cómo Colombia firmó un acuerdo de paz en 2016, por lo que no había guerra en el país y mis declaraciones sobre la huida del conflicto no fueron aceptadas. Es ridículo, de verdad".

Como la de Nelly, 12.133 solicitudes de asilo de colombianos han sido rechazadas desde enero, lo que representa 95.77% del total de resoluciones publicadas para ciudadanos colombianos.

A pesar de ello, Barcelona es también un lugar donde se trabaja para apoyar a los colombianos y sensibilizar sobre el conflicto. ICIP acogió la Secretaría Europea de la Comisión Colombiana de la Verdad, actor central en la recogida de testimonios de víctimas del conflicto colombiano residentes en Europa, esencial para promover el reconocimiento de las víctimas y visibilizar la verdad sobre el conflicto y construir conciencia colectiva sobre el mismo. Taula Catalana per la Pau también está allí trabajando para construir una red de solidaridad y promover una plataforma para las iniciativas de la sociedad civil que trabajan en la defensa y la sensibilización sobre Colombia.

*Nombre cambiado por razones de protección