Escrito por Joana Purves y Thomas Leroux.
Cada año, millones de personas de todo el mundo abandonan sus hogares por diferentes motivos y emigran a otro país: tomar una decisión así puede tener un fuerte impacto psicológico. Quienes viajan por rutas migratorias peligrosas suelen ser los más afectados, ya que son vulnerables a la violencia y la explotación. En el Día Mundial de la Salud Mental, queremos poner de relieve la importancia de atender y apoyar a los migrantes y refugiados no sólo en su seguridad, sino también en su salud mental.

Experimentar el trauma de abandonar su país de origen, permanecer en un campo de refugiados durante un tiempo indeterminado, la burocracia de solicitar asilo y, por último, el trabajo mental necesario para adaptarse a un nuevo país y una nueva cultura pueden ser sólo algunos de los posibles traumas y dificultades a los que puede enfrentarse un emigrante. Según la Organización Mundial de la Salud, La prevalencia de la depresión, el TEPT y la ansiedad es proporcionalmente mayor en las poblaciones de refugiados. Además, los obstáculos a la integración social en el país de acogida, como el posible racismo y la xenofobia, pueden exacerbar los problemas de salud mental preexistentes.
El duelo migratorio y las barreras a la atención sanitaria mental
Dr. Eduardo Brik, de la organización Terapias Sins Fronteras (Terapia sin Fronteras), explica el concepto de duelo migratorio como una forma específica de depresión en la que: “Piensas todo el día en tu país de origen, en tu familia [...] te pasas el día recordando el pasado, lo que viviste, etc. [...] El duelo complicado o crónico en la migración puede ser un trastorno que dure toda la vida si no se resuelve con terapia”. Efectivamente, la Dra. Laura Kait, de la organización UMBRAL, hizo hincapié en los diferentes efectos de la migración en los niños: “Cuando las personas que emigraron de niños se hacen adultas buscan entonces apoyo en salud mental porque se dan cuenta de que les ha quedado un hueco, un duelo del que no han podido salir”.”
La comprensión de las condiciones y necesidades específicas de salud mental de las personas de origen inmigrante debería ser uno de los elementos clave a tener en cuenta cuando se habla de integración. Sin embargo, varias barreras les impiden acceder a los servicios de salud mental en sus países de acogida. Uno de ellos es el idioma: es posible que los inmigrantes o refugiados no hablen la lengua del país de acogida ni se sientan capaces de hablar de temas delicados en un idioma que no les es familiar. El estigma que rodea al tema de la salud mental también puede disuadir a las personas de pedir ayuda. Este estigma se ha atribuido a varios factores posibles, como las diferentes actitudes culturales hacia la salud mental, la incomodidad de hablar de sentimientos personales con extraños o incluso el miedo derivado de haber vivido en países donde se reprime la libertad de expresión. Por último, dado que los servicios de salud mental no siempre son gratuitos o asequibles, las barreras económicas también pueden restringir el acceso.
Migración y salud mental en España
Además, tanto el Dr. Brik como la Dra. Kait señalaron la falta de recursos en los servicios de atención a la salud mental en general. En España, sólo hay seis profesionales de la salud mental por cada 100.000 niños y adolescentes. La salud mental requiere un apoyo muy específico, incluida la creación de confianza entre los pacientes y los profesionales sanitarios durante un largo periodo de tiempo. En el caso de las personas migrantes y refugiadas, que pueden tener necesidades psicológicas más complejas y específicas, los profesionales de la salud también deberían estar formados para ofrecer un apoyo culturalmente sensible e informado sobre los traumas. Sin embargo, con la falta de personal y recursos, este tipo de atención es difícil de proporcionar.
Si busca apoyo en salud mental, aquí algunas organizaciones que pueden ayudarle.
Para superar algunos de estos obstáculos, la OMS recomienda que los países de acogida proporcionen información clara sobre los servicios de salud mental a los que tienen derecho los recién llegados, sensibilicen a los centros comunitarios religiosos y culturales, faciliten servicios de salud mental asequibles y ofrezcan apoyo en varios idiomas con ayuda de intérpretes con formación específica.
En cuanto a las barreras lingüísticas y culturales, el Dr. Brik subrayó la importancia de la terapia transcultural, explicando que los problemas de una persona sólo pueden entenderse dentro de su contexto más amplio, incluido el país y la cultura de la que procede. Y añadió: “La persona que llega a un país hace un esfuerzo cultural mucho mayor que la que vive en él. Por eso, en la transculturalidad, que es el intercambio entre dos culturas, hay que procurar que las dos hagan un esfuerzo mutuo de adaptación”.”
Durante la fase de investigación del proyecto INTEgreat, los profesionales sanitarios de Cataluña llegaron a la conclusión de que el acceso al apoyo en salud mental en el sistema público era una de las mayores carencias y barreras para la integración de las personas refugiadas y migrantes. En OCC desarrollamos un folleto, que pronto estará disponible también en formato online, en el que se comparten recursos de salud mental gratuitos (o de bajo coste) disponibles en Barcelona, la mayoría de ellos dedicados específicamente a pacientes inmigrantes y refugiados.
INTEgrande es un proyecto cuyo objetivo es mejorar la integración de inmigrantes y refugiados en las ciudades europeas. Reúne a siete organizaciones de toda Europa: Ballafon (Italia), Università di Bologna (Italia), OCC (España), Limerick City Council (Irlanda), Doras (Irlanda), Synthesis (Chipre) y Social Hackers Academy (Grecia).
Este proyecto está financiado por la Unión Europea a través de Erasmus+.








