Eid al-Adha a las puertas de OCC Grecia

por | 8 de agosto de 2020 | Blog

Este artículo se publicó originalmente en nuestro sitio web anterior. Es posible que algunos elementos aparezcan ligeramente desalineados o se muestren incorrectamente, o que falten imágenes. Gracias por su comprensión.

Tenga en cuenta que la versión griega, española e inglesa de este artículo es una traducción automática del artículo original en catalán.

Al principio de la avenida principal de Policastro, pequeña localidad del norte de Grecia de unos 8.000 habitantes, se encuentra la segunda sede de la Open Cultural Center, organización sin ánimo de lucro que trabaja por la integración e inclusión de la comunidad de refugiados en el territorio.

Desde hoy, 31 de julio, y hasta el 3 de agosto, tiene lugar el Eid al-Adha, más conocido como “la fiesta del sacrificio”. Un día sagrado para la religión musulmana y sus fieles, que en su significado más sincero representa la sumisión a Dios y la generosidad para con los pobres.

La fiesta se celebra setenta días después del Ramadán, y forma parte de la gran peregrinación a La Meca, Hhajj en árabe, que según la cultura musulmana, es una etapa que debe realizar todo seguidor al menos una vez en la vida.

Uno de los momentos más especiales del Eid al-Adha es reunir a familiares y amigos y disfrutar de un abundante banquete, en su mayoría a base de carne.

Según la tradición y la doctrina del Corán, el cortejo va acompañado del sacrificio de la bestia, típicamente el cordero, la oveja o la vaca. Aunque cada país tiene su propio ritual. El objetivo de la ceremonia es dividir la carne en tres porciones, una para la familia, otra para las amistades y una última para los más desfavorecidos.

Esta tarde, en Policastro, la calle es un horno que desprende un calor implacable. A través de las impolutas ventanas de las aulas de OCC, se puede ver cómo los alumnos imparten las clases. Entre ellos, hay dos grupos, los ‘Falafels’, niños de cinco a ocho años, y los ‘Piratas’, adolescentes de trece a dieciséis.

Ambos grupos siguen una dinámica similar. Las clases se dividen en dos partes, una dedicada a tratar la lección que corresponde a este día, y otra a celebrar el Eid al-Adha, acompañada de una comida a base de dulces y pasteles elaborados por algunos de los voluntarios que trabajan allí para la organización.

Los profesores reparten las batas y dan los pinceles a los más pequeños. La música empieza a sonar. Niños y niñas dan rienda suelta a su imaginación pintando enormes cartulinas. Los minutos pasan entre jolgorio y risas. El ambiente es acogedor y familiar.

Entre preadolescentes y adolescentes, todos ellos varones, la actividad se centra en hablar un poco de sí mismos y de los sueños que esperan.

Soy Zakaria, tengo 14 años y vengo de Siria. Hablo árabe y un poco de inglés. No puedo pensar en el futuro que le espera al joven de pie en medio del círculo que se ha formado a su alrededor.

Zakaria, 14 años

Y así lo hacen, uno tras otro, mientras los profesores coordinan la actividad. Algunos se muestran inseguros, otros esperanzados. “Quiero ser profesor”, “quiero tener un restaurante”, “juego al fútbol”, “veo a mi familia”...

Voluntarios y estudiantes ríen. Parecen estar a gusto.

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